De ruta por el Valle de Elqui

Pende sobre el Valle, que arde,
una laguna de ensueño
que lo bautiza y refresca
de un eterno refrigerio
cuando el río de Elqui merma
blanqueando el ijar sediento.

Valle de Elqui, Gabriela Mistral

Penetrar en el Valle de Elqui es como entrar en otra dimensión, un aislamiento total del entorno. Los cerros son tan altos que uno no alcanza a ver más allá, se queda atrapado con la magia del lugar. Precisamente entre estas montañas nació y se crió la poeta Gabriela Mistral, la primera mujer latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura en 1945. La huella de su poesía sigue viva en las calles de Vicuña, los pueblos vecinos y en los cerros que aíslan estas poblaciones del tiempo.

Llegué  por la mañana a Vicuña, después una noche de viaje en bus, y caminé hasta la casa de Juan. Su madre y sus tías recién empezaban a desayunar. “Siéntate, prueba el queso, es de esta región”, me invitaron. Juan trabaja en una farmacia en Vicuña, aunque toda su familia es de Peñaflor (Santiago).

Viajó hace unos años a Australia con una holiday visa, buscó trabajo y se quedó dos años en los que recorrió el outback (el interior australiano) y Nueva Zelanda en combi. “Luego volví sin plata ni casa, pero en dos semanas encontré trabajo en La Serena e incluso me dieron un departamento. Luego me trasladaron a Vicuña, arrendé este departamento y me compré una combi en la zona franca de Iquique, viene de Japón. Costó 3 meses pero al final llegó”.

Vista de Vicuña y el Valle desde el Cerro La Virgen.

Así que nos montamos en esa combi con tecnología japonesa y Juan nos llevó por la Ruta de la estrellas en el Valle del Elqui. Subimos por una carretera estrecha entre cerros y llegamos a la primera parada: Montegrande, en el que se encuentra la casa-museo de Gabriela Mistral. Afuera soplaba el viento terral, cálido y polvoroso.

Entre cerros.

“¿Tú eres la única que ha salido viajera en tu familia?”, me preguntó la tía. “El espíritu viajero me ha salido de mi madre. Ella a su época ya viajaba, pero era diferente, no tenía tantos recursos y antes todo se centraba en el trabajo. Yo creo que las generaciones de nuestros padres han trabajado duro para que nosotros podamos estar haciendo lo que hacemos ahora y yo lo agradezco mucho. Aunque mi madre no pueda viajar tanto ahora, ella me dice que viaja conmigo y le gusta que yo lo haga”, respondí.

Iglesia de Montegrande.

La tía me cuenta que antes ella solo vivía para su marido y la casa, él no compartía sus ganas de hacer cosas, por lo que se separó hacía tres años. “Ahora viajo y me doy cuenta de que hay tanto por ver… Me fui también con dos amigas a Machu Picchu y fue una experiencia increíble, todo lo que rodea ese lugar es especial. Nos movíamos con los buses locales y recorrimos harto. Ahora si puedo me voy a Chiloé en noviembre”.

EL VALLE DEL PISCO

Seguimos subiendo hasta llegar a la destilería los Nichos, donde fabrican pisco- un aguardiente a base de uvas- siguiendo el método tradicional. “Sacamos unas 10.000 botellas al año, preferimos mantener la producción baja y hacer todo el proceso artesanal, por ejemplo colocar las etiquetas a mano”, nos explicó la guía. Por el camino adelantamos varios ciclistas y Juan siempre les tocaba el claxon “para darles ánimos”, algo que me parecía a la vez curioso y alentador.

Variedades de pisco producido en Los Nichos.

La última parada en el Valle era Horcón, donde el encanto de las montañas ha atraído artesanos de todas partes que llegan con sus mercancías listas para vender. La luz del ocaso bañaba de tonos anaranjados y rosados la ladera del cerro mientras el sol se escondía detrás del pueblo artesanal.

A la mañana siguiente Juan nos llevó al embalse de Puclaro, construido como reserva de agua potable y regadío para los campos de uva donde antes había poblaciones que ahora se conservan debajo del agua. A orillas del embalse está la pequeña playa de Gualliguaica, paraíso para los amantes del kitesurf.

El embalse se construyó entre 1996 y 1999.
Tranquilidad en la playa de Gualliguaica.

Regresamos a Vicuña para almorzar en “Sabor elquino” acompañados de las rancheras que sonaban en la radio local. Mientras charlábamos les conté que yo era licenciada en Periodismo y obtuve una beca del gobierno, por lo que no tuve que pagar. “Acá no te dan beca a menos que seas prácticamente indigente, si no, hay que pagar un crédito al banco y luego devolverlo toda la vida”, me dijo Juan. Su tía añadió: “Igual que las pensiones, tenemos que pagar toda la vida para tener algo de dinero cuando nos jubilemos. El problema es que tú pagas el AFP (Administradoras de fondos de pensiones privadas), porque estamos obligados por ley, y éste invierte tu dinero en bolsa. Si pierde, tú pierdes, es absurdo”. Por eso en los últimos meses se había iniciado un movimiento en Chile bajo el lema “No +AFP” para intentar cambiar este sistema que “no garantiza pensiones dignas”.

CIELOS ESTRELLADOS EN EL VALLE DE ELQUI

Me dijeron que no podía dejar la región sin pasar por un Observatorio Astronómico y cuando llegué entendí el porqué: era como ver el cielo en una pantalla prácticamente en 3D, casi podía tocar las estrellas con mis propias manos. Una línea polvorosa de color blanco cruzaba el cielo estrellado, la Vía Láctea. Vi Saturno a través del telescopio, diminuto con su anillo alrededor, y distinguí los cráteres de la luna menguante. Y, a pesar de lo cerca que me parecía todo, estaban a millones de años luz de mí…

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