Tsingy de Bemaraha: un bosque de agujas

Bajo este nombre tan exótico, Tsingy de Bemaraha, se esconden las formaciones geológicas de piedra caliza erigidas debido a la erosión del agua subterránea. En conjunto, forman un paisaje de agujas afiladas que se declaró Patrimonio de la Humanidad en 1990. Aunque nos ha costado dos días llegar hasta la entrada sur del parque viniendo desde Morondava (con doble pinchazo de rueda incluido) la visión de este paisaje de alfileres de color carbón merece la pena.

El tsingy pequeño
El tsingy pequeño

Zara ( “como la marca de ropa en España”), un joven malgache reservado, será nuestro guía y lo mejor es que habla inglés. Para llegar al Tsingy pequeño debemos montarnos en una piragua y remontar el Manambolo. El piragüista nos escucha mientras impulsa suavemente la embarcación con palo de bambú. El agua está turbia. “Alguna vez hemos visto un cocodrilo, pero es raro”, nos informa el guía.

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El Manambolo se origina en las montañas altas de Madagascar
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Los acantilados que rodean el río son de arcilla de tonos vivos

Nos detenemos en la entrada de unas cuevas milenarias, donde moran los murciélagos, y accedemos a oscuras. Dentro, y con la ayuda de una linterna, el guía nos indica unas estalactitas en la pared.

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Vista de nuestra piragüa desde la cueva

Volvemos a la piragua para llegar al inicio del sendero que nos llevará al tsingy y sobrepasamos unas tumbas en la pared de la montaña pertenecientes a la tribu vazimba, los primeros pobladores de estas tierras. “No se pueden señalar las tumbas con el dedo, es fady (tabú)”, nos recuerda Zara. Hoy quedan pocos vazimba puros pero no se dejan ver mucho, el resto se han mezclado con otras etnias.

Después de una cuesta se nos aparece un “bosque de agujas” como si hubiera sido emplazada en ese mismo lugar voluntariamente. El nombre tsingy podría traducirse como “andar de puntillas”, lo que uno entiende pronto cuando pisa estos pináculos de piedra caliza, hay que vigilar donde se pone el pie o la mano. Según nos cuenta Zara, cada año las montañas del tsingy pierden un centímetro debido a la erosión.

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Las agujas afiladas pueden llegar a los 46 metros de alto
Con el piragüista
Con el piragüista

Aunque la piedra caliza no favorezca a la vegetación, nos encontramos con una preciosa flor blanca que lucha por sobrevivir entre las piedras.

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Dejamos el tsingy y nos adentramos en el bosque, donde habitan lémures y varias especies de pájaros endémicos. En lo alto de un árbol distinguimos un lémur saltador durmiendo plácidamente en las ramas.

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Este tipo de lémur es nocturno, por lo que de día dormita en los árboles

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Cómo llegar: para llegar en taxi brousse, en primer lugar, hay que armarse de paciencia. Desde Morondava salen taxi brousse 4×4 en dirección a Belo sur Tsiribihina por 15.000 ariary. Hay que tener en cuenta que la parada del transporte en Belo se encuentra al otro lado del río, por lo que hay que subirse en una embarcación para cruzar el Tsiribihina (1.000 ariary).  Una vez en Belo lo mejor es ir directamente a la estación de taxi brousse en dirección Bekopako (20.000 ariary) y preguntar cuando sale el próximo, ya que la frecuencia suele ser cada dos días. En total, hay que contar mínimo con 2 días. La entrada al parque cuesta 25.000 ariary por persona y cada circuito tiene un precio diferente. Nosotros hicimos el circuito de 60.000 ariary y pagamos 30.000 ariary por la piragua.

Dónde dormir: en Belo sur Tsiribihina nos alojamos en Chez Susanne por 15.000 ariary la noche. Es una habitación ancha, con baño y cama doble.Tiene poco encanto pero es práctica para trasnochar e irse el día siguiente. En Bekopako dormimos en Chez Ibrahim: muy barato pero muy, muy básico. Una habitación sin luz, ducha de agua en cubos, baños a 20 metros pero por 10.000 ariary no se puede pedir más. Está en el centro del pueblo.

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