Un paseo por Toulouse

“Me encanta Toulouse, es pura multiculturalidad”. Fue lo primero que escuché a mi llegada a la parada de metro Jean Jaurès. Era viernes  y como buena ciudad universitaria, el ambiente no defraudaba. Me senté a esperar observando la vida que se desarrollaba en aquel punto tan céntrico, el derroche de energía y la euforia de largas horas de fiesta por delante.

Puente Saint Pierre sobre el río Garona.
Puente Saint Pierre sobre el río Garona.

Alcanzar Toulouse fue fácil, pues la conocida red de covoiturage Bla Bla Car cuenta con un gran número de trayectos dentro y fuera de Francia. No fue tan fácil, sin embargo, subirse al metro de Ramonville, ya que en mis cálculos no había entrado la posibilidad de que a esas horas de la noche sólo se podría adquirir el billete a través de una máquina y únicamente con monedas o tarjeta francesa. No disponía de nada parecido y todos los establecimientos estaban cerrados. Así que me dediqué a dar vueltas dentro y fuera de la estación sin saber muy bien qué pretendía hasta que, al cabo de unos 15 minutos, vi aparecer un vigilante de seguridad del interior de la estación. Con mi francés básico le hice entender que no podía adquirir billete y él me insistía en que debía viajar con un pase válido.

  • Si YO QUIERO comprar, pero es que no puedo.

Me pidió el DNI, entró en su cuartelito, salió al cabo de 5 minutos y me dio permiso para entrar al metro.

  • Pero sólo hasta Jean Jaurès, si vas más lejos y hay control tendrás problemas.

Y allí estaba, observando ese derroche de energía juvenil en una noche de viernes con una temperatura excepcional en pleno abril. Mi amiga vivía en esa misma avenida, en un apartamento antiguo y espacioso en el que compartía habitación con 3 personas más.

A pesar de recibir el nombre de ciudad rosa, debido a la luz que se proyecta durante el atardecer en los edificios antiguos, a mí me pareció más bien una ciudad azul y verde. Azul por el fluir del agua del río Garona, el Canal de Midi y el Canal de Brienne, y verde por la  la vegetación en los numerosos parques o en la Praire des Filtres, el lugar preferido de los tolosanos para relajarse. Y allí hicimos nuestro pícnic, compartiendo la orilla del río con muchos otros grupos que  también querían disfrutar de ese sol primaveral.

Pícnic a la orilla de la Garona
Pícnic a la orilla del Garona.
Los tolosanos pasan mucho tiempo en este lugar
Los tolosanos pasan mucho tiempo en este lugar

Nos dirigimos al centro a través del Pont Neuf hasta la Plaza del Capitole, pasando por la Basílica de Notre Dame de la Daurade. El casco antiguo hervía de movimiento, riadas de gente andando en ambas direcciones, entrando en las tiendas o sentadas en terrazas disfrutando de un tranquilo café.

Toulouse nos recordó que necesitaba la lluvia para lucir esos colores, y durante el domingo estuvo lloviznando. Aun así, salimos a conocer la ciudad. Anduvimos por la Rue du Taur hasta la Basilique Saint Sernin, que justo ese día estaba rodeada de un mercado de ropa y objetos de segunda mano. Se trata de una iglesia originalmente románica de la que destaca un campanario de 64 metros de altura.

El santuario está emplazado en la tumba de San Sernín.
El santuario está emplazado en la tumba de San Sernín.

Luego nos dirigimos, a través de la calle de tiendas Alsace-Lorraine, hasta el barrio de Carmes, un antiguo barrio tolosano organizado alrededor del mercado.  En la calle principal Rue des Filiaters nos detuvimos a comer un fantástico plato vietnamita en BatBat. Seguimos hasta la Catedral Saint Étienne, que destaca por la mezcla de estilos en su arquitectura, románica y gótica.

La catedral conserva sus vitrales originales.
La catedral conserva sus vitrales originales.

Finalmente llegamos a los jardines de Gran Rond, donde una puede perderse paseando o simplemente disfrutar de una siesta o una lectura. Junto al Gran Rond está el Jardin des Plantes de 7 hectáreas de extensión, combinando vegetación y arte con diversas esculturas.

Los jardines son como un pequeño oasis dentro de la ciudad.
Los jardines son como un pequeño oasis dentro de la ciudad.

No sé cómo terminamos con un enorme gofre de chocolate en las manos en esa tarde nubosa. ¿Con nata? ¡Pues claro, que es domingo!

Felicidad en estado puro.
Felicidad en estado puro.
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