De Cerbère a Banyuls por el sendero litoral

La llegada a Cèrbere en tren fue más bien deprimente: un pueblo fronterizo con poco encanto y, a pesar de ser las 10 de la mañana, sin apenas rastro de vida humana. Al cruzar el túnel entre Portbou y Cerbère, nos damos cuenta de que, al atravesar una simple montaña, hemos cambiado de país: la Gendarmerie nos pide la identificación nada más descender del tren, todos los carteles y tiendas están en francés, las matrículas son amarillas… Estamos en la región Languedoc-Rosellón.

El primer paso es enganchar el inicio del sendero litoral (sentier litoral en francés), por lo que al salir de la gare routière de Cerbère debemos seguir la carretera principal en dirección a Banyuls sur mer. Justo después del túnel ferroviario aparece un cartel amarillo (que iremos encontrando a lo largo del camino) donde empezaremos la ruta hacia nuestro destino.

Carteles indicativos del sendero litoral
Carteles indicativos del sendero litoral.

El paisaje es seco, apenas algunos árboles ofrecen tregua al calor, pero las vistas sobre el mediterráneo, con las numerosas calas y acantilados, merecen la pena. En el interior destacan las viñas y algunas zonas aún chamuscadas debido al incendio que se declaró el pasado 19 de junio entre Cerbère y Banyuls, en el que ardieron alrededor de 120 hectáreas.

La pista discurre entre acantilados.
La pista discurre entre acantilados.

La línea ferroviaria nos acompaña hasta alcanzar Ansa de Terrimbo, una playa en forma de media luna donde las gaviotas descansan. Seguimos el sendero pasando por encima de la playa y llegamos a una urbanización de bonitas casas con embarcadero propio.

Ansa de Terrimbo
Ansa de Terrimbo.

Otra vez debemos volver a ascender por el acantilado, bordear el Camping Municipal de Cerbère y finalmente llegamos a un gran edificio que parece construido durante la segunda guerra mundial, justo a primera línea de mar, rompiendo toda la armonía del paisaje. Se trata del centro de rehabilitación Bouffard-Vercelli. Después de esta gran construcción realizamos la primera parada en la Playa de  Peyrefitte donde encontramos varios bañistas y kayakistas. A pesar del calor abrasador, el agua aún está fría y soy incapaz de meterme más allá de las rodillas.

Playa de Peyrefitte y algunas zonas abrasadas.
Playa de Peyrefitte y algunas zonas abrasadas.

Después de esta pausa, reemprendemos la marcha con otra subida pronunciada por el acantilado, lo que ralentiza nuestro paso. Sin embargo, poco a poco vamos ascendiendo y llegamos a la cima desde donde disfrutamos de una magnífica vista de la costa que comprende la Reserva Natural Marina de Cerbère- Banyuls, creada para proteger las numerosas especies que aquí habitan, como el coral rojo o el sargo común.

La Reserva fue establecida en 1974.
La Reserva fue establecida en 1974.

LLEGADA A BANYULS SUR MER

El sendero sigue atravesando los acantilados pelados a causa de las fuertes rachas de viento propias de esta zona hasta que, a lo lejos, divisamos las primeras casas de Banyuls Sur mer. La pista empalma con la carretera principal y debemos seguirla un trozo hasta bajar al puerto y andar en dirección a la playa. ¡Hemos llegado a Banyuls!

El puerto de Banyuls.
El puerto de Banyuls.

Con poco más de 5.000 habitantes (cifra que se triplica en verano con la llegada de los turistas) esta pequeña localidad de la costa Bermeja (Côte Vermeille en francés) transpira sabor mediterráneo.  A pesar de que la vegetación no es frondosa como en algunas partes de la Costa Brava, sí es cierto que los franceses han sabido mantener, en este trozo de costa, el encanto de sus villas marítimas evitando esas construcciones infames de apartamentos y hoteles a primera línea de mar.

Monumento a la sardana en el Paseo Marítimo.
Monumento a la sardana en el Paseo Marítimo.
Las nubes se aproximan a la playa.
Las nubes se aproximan a la playa.

La playa se llena poco a poco y después del baño los visitantes se dirigen a las terrazas a disfrutar de un auténtico concierto de chanson française en la plaza Paul Reig. Y para acompañar la música nos decantamos por el vino propio de la zona, la garnacha de Banyuls, con un sabor dulce. El casco antiguo está formado por calles pequeñas que se entrecruzan  donde abundan las tiendas de ropa, recuerdos y restaurantes. Para esta noche acamparemos en el camping municipal La Pinède, a diez minutos del centro a pie. Sin embargo hemos dormido poco, pues la Tramontana no ha dado tregua en toda la noche…

 

 

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