¡Santiago express!

A veces no hay necesidad de viajar hasta China o Australia para vivir aventuras. Para mí, descubrir una nueva ciudad, aunque sea cerca de casa, es una aventura por sí sola. Esta vez, he elegido el norte de España. He llegado a Santiago por la madrugada (los horarios normales no son el fuerte de las compañías de low cost), lo que me da casi 24 horas para conocer la capital de Galicia. ¡Esto es Santiago express!

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Recorro las calles vacías y aún mojadas, me hacen sentir especial, como si fuera la primera a poner los pies en ellas. Como se trata de una ciudad pequeña, no me cuesta mucho tiempo llegar al centro, donde se encuentra el edificio más emblemático: la catedral. A esta hora de la mañana, sólo observo algunos peregrinos que no pueden evitar gritar de euforia cuando alcanzan la plaza de la catedral. Me imagino que han hecho grandes esfuerzos para llegar aquí, vengan de donde vengan… Lo bueno  de haber llegado tan pronto es que he podido admirar serenamente el  y su entorno, sin el barullo que me encontrado unas horas después cuando he vuelto para despedirme.

La plaza de la catedral está casi vacía a esta hora.
La plaza de la catedral está casi vacía a esta hora.

Independientemente de si uno es creyente o no, la catedral de Santiago se rebela como una construcción impresionante. Cada vez que miro esas catedrales en Roma, París u otras capitales europeas, sólo puedo preguntarme como podían, con la tecnología de entonces, edificar estas obras. Hablo de miles de rocas pesadas, miles de cristales pequeños colocados pacientemente para crear esos maravillosos vitrales… El interior se encuentran numerosos altares consagrados a varios santos, cada uno diferente al anterior.

La catedral fue construida entre 1075 y 1211.
La catedral fue construida entre 1075 y 1211.

Como empiezo a estar cansada, decido tomar un café en la Praza do Obradoiro, sin saber que me espera una grata sorpresa. El camarero aparece del bar con mi café y dos relucientes brownies. Con una cara de sorpresa, le pregunto a qué debo el placer de ese presente: “Bueno, deberás pagarlo después”, pero sin que yo pueda replicar, añade: “No te preocupes, es sólo una “tapita”, sabemos que debes estar cansada de andar…” y se va con su sonrisa a servir otros clientes. Supongo que mi enorme mochila le hizo pensar que era una peregrina más… En resumen, por el precio de un café pude disfrutar de un buen desayuno y, lo que es mejor, con una fantástica vista a la catedral…

Tomando el café delante de la catedral.
Tomando el café delante de la catedral.

Continué mi visita rápida a Santiago por el Parque da Alameda. Un joven vestido de gaitero me da la bienvenida con una preciosa música celta. La melodía acompaña los transeúntes en su paseo y crea una atmosfera tranquila. El cielo está sereno y el aire es puro, ni los visitantes ni los autóctonos parecen tener prisa… He escrito estas líneas des de un banco en el Paseo do Ferradura junto con Valle-Inclán desde donde, una vez más, puedo admirar la majestuosidad de la catedral que sobresale por encima del casco antiguo.  Ding, dong … el repique de las campanas me indica que son las 5 y, de fondo, siempre las gaitas. Voy a hacer este momento eterno.

La estatua se erigió en el banco donde el escritor solía sentarse para admirar la catedral...
La estatua se erigió en el banco donde el escritor solía sentarse para admirar la catedral…

 

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