A pie por la península de Masoala (parte 1)

Madagascar tiene una riqueza de paisajes muy variada, des del sur casi desértico a la costa este donde abunda el bosque tropical. La mejor forma de conocer estos contrastes, además de en taxi brousse, es andando, así que ¡nos hemos ido de trekking por la península de Masoala!  Un total de unos 150 kilómetros desde Maroansetra hasta Antalaha cruzando pueblos rurales, campos de arroz y vainilla, ríos…una experiencia muy recomendable para los amantes de la naturaleza y las culturas tradicionales.

Belleza tropical
Belleza tropical

Lo primero que necesitábamos era un guía, ya que hay que cruzar una parte del Parque Nacional de Masoala y además es útil en tanto que prácticamente nadie habla francés entre los pueblos rurales y el malgache, desafortunadamente, no está entre mi lista de conocimientos. Así conocemos a Tsima, un malgache de 38 años con dominio de francés e inglés y una sonrisa contagiosa. En Maroansetra aprovechamos para comprar provisiones en el mercado: pan, mermelada, agua, nutella (¡indispensable!)… y a las 3 nos reunimos para empezar la aventura: Carles, Tsima, Silvan (el portador) y yo, un buen equipo.

Antes de cruzar el río...
Antes de cruzar el río…

Aunque esta ciudad sea catalogada en las guías como la más lluviosa de Madagascar, decide darnos un respiro y salimos de Maroansetra con un cielo despejado y aire triunfal. Después de unos 20 minutos, alcanzamos un embarcadero donde debemos cruzar hacia el otro lado del río Antainambalona. Un bonito paseo en piragua, alrededor de cañas de azúcar, jacintos, palmeras, ravenalas…y algunos cebús bien aposentados en la orilla aprovechando la sombra de los árboles.DSC_0394

EN BUSCA DEL AYE AYE

Desembarcamos y seguimos andando en paralelo al mar durante una hora más hasta la reserva de Farankaraina, un parque tropical donde el bosque y el mar se juntan creando un hábitat ideal para lémures y, especialmente, para el aye aye que tantas ganas tenemos de ver. Después de montar la tienda, salimos a las 6:30, justo cuando el sol ha bajado, en busca de esta especie de lémur nocturno.

Siguiendo el guardabosque del parque, andamos un buen trozo por la carretera y luego nos desviamos por un camino entre la maleza. Rastrea los restos de frutos para saber donde moran los aye ayes hasta que, con una expresión de emoción, nos indica que miremos en lo alto de un árbol: una criatura pequeña, de larga cola, que se desplaza por las ramas esquivando la luz de la linterna. Justo cuando el guía nos está hablando acerca de su condición de solitarios, aparece otro ejemplar más, luego otro…hasta 3 juntos en el mismo árbol. “Están aquí por la comida”, nos informa Tsima. “Hace años los aye aye bajaban hasta los pueblos a comer cocos, pero para los vecinos era símbolo de mala suerte y los mataban, por eso quedan tan pocos y ya no se acercan”. Cierto, ahora somos nosotros quienes vamos tras ellos cuando cae la oscuridad. Asombrados por esta extraña criatura del dedo largo volvemos felices después de este encuentro y nos rendimos al sueño, casi sin darnos cuenta de que dormimos prácticamente sobre tablones de madera.

DÍA 2

Con una suave brisa marina nos despertamos y recuperamos fuerzas con un buen desayuno. Doy un paseo por la playa antes de empezar la marcha, una pequeña cala protegida por las montañas pobladas de árboles, un verdadero rincón salvaje.DSC_0398

A las 7:30 puntuales Tsima y Silvan se nos acercan:”¿Estáis preparados?” y emprendemos el primer tramo del día, una subida con varios obstáculos en forma de rocas y barro. Durante todo el camino nos cruzamos con malgaches que se dirigen a Maroansetra, el núcleo urbano más cercano donde pueden abastecerse de productos de primera necesidad. Todo el traslado (ya sean personas o bienes) se hace enteramente a pie. Les saludamos con un “Mvola tsara!” y nos responden con risas.

El camino está muy transitado por los malgaches
El camino está muy transitado por los malgaches

PREPARATIVOS PARA LA FIESTA DE LA INDEPENDENCIA

En Navana, el primer pueblo que alcanzamos, nos paramos a tomar un café en la tienda de una mujer que está rallando casaba en una cazuela para preparar la comida. Avanzamos por la calle principal a lo largo de la cual discurren las casas de madera particulares, alguna tienda de productos varios y otra de ropa. Hoy, además, la calle está decorada con alfombras repletas de arroz, como parte de los preparativos para la gran fiesta del Día de la Independencia.

Seguimos nuestra marcha después de este descanso reparador y pasamos otros núcleos rurales como Anjahanga y Mahalevona. Mientras tanto, les pregunto por su vida. “¿Estáis casados?”. Tsima se ríe con su particular risa, mezcla de inocencia y picaresca, y me apresuro a matizar: “no hace falta que respondas si es de mala educación preguntar algo así, lo he hecho porque a nosotros nos lo preguntan continuamente”. “Tranquila, es del todo pertinente. Estuve casado con una mujer pero ahora estoy con otra, llevamos 5 años. Y tengo una hija de 7 que vive con mi hermana en el este, pero ahora quiero que se venga a vivir conmigo en Maroansetra.” Silvan, aunque no hable inglés fluidamente, se esfuerza por hacerse entender: ” Ahora estoy soltero, tengo una hija en Antalaha que visitaré después de la travesía y otro hijo estudiando en Tana”.

Tomando un descanso...
Tomando un descanso…
¡Rodeada de verde!
¡Rodeada de verde!

Llegamos a Fizono sobre la tarde, donde pasaremos la segunda noche. Tsima nos cuenta que este pueblo no es pobre, puesto que tienen varios cultivos como la vainilla, clavo ñame, arroz… pero no pueden exportarlo porque las comunicaciones en esta zona son muy difíciles, especialmente en época de lluvias. El hotely es una sala de madera, provista de 3 mesas y sillas, bañada prácticamente en la penumbra, ya que no llega electricidad ni agua a estos rincones.

El bungalow donde nos alojamos es una habitación con una cama doble (y un colchón fino) y mosquitera. Tsima se disculpa: “no es muy cómodo pero es así en las zonas rurales”. Es exactamente lo que necesitamos. Nos damos una ducha de agua fría sacada directamente del río y observamos la vida en la calle principal: dos chicas sentadas en la veranda de una casa se arreglan el pelo, un niño pequeño sale del interior de la vivienda y se asusta al vernos, echándose a llorar a los brazos de su madre mientras ésta y nosotros nos reímos. Los niños corren detrás de un balón fabricado con paja. La cena ya está preparada: arroz con pollo, verduras crudas, y dos plátanos de postre. Nos acostamos pronto que mañana toca más.

Los niños juegan en la calle
Los niños juegan en la calle

¡Salta a la segunda parte!

 

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Cómo llegar: necesitaría dos entradas más para responder detalladamente a esta cuestión, pues Maroantsetra se encuentra bastante aislada del resto de poblaciones y fue toda una aventura llegar allí. Se puede alcanzar por tres vías: aérea (ver Air Madagascar), marítima (al igual que el viaje a la Isla Sainte Marie, antes de emprender esta travesía hay que ser consciente del estado del mar) y por último, terrestre, en un taxi brousse 4×4 (unos 110.000 Ar todo el trayecto, aunque hay que hacer transbordo en Mananara). Nosotros escogimos esta última y fue como irse de expedición: tardamos 4 días en recorrer los casi 400 kilómetros que separan ambas poblaciones, puesto que “la carretera” deja de serlo en numerosas ocasiones: pista de barro con piedras y baches por todas partes, puentes de madera con los tablones casi saltando, entradas de mar y ríos que hay que cruzar con barcas que van a su ritmo…Y la posibilidad de pasar de un lado a otro depende de la marea, que es muy variable en Madagascar, por lo que cuando llegamos a un embarcadero y el encargado nos decía que hasta el día siguiente no podríamos subir, nos resignábamos a pasar la noche en el coche. Como he dicho, una aventura, y aunque ahora la recuerdo como emocionante y divertida, he aprendido la lección: !la próxima vez vuelo!

Dónde dormir: ésta es otra cuestión interesante… Como ya he indicado, para llegar allí empleamos cuatro días, dos de los cuáles dormimos en el mismo Toyota y otro en Chez Roger, en Mananara. No conocíamos nada y llegamos sobre la 1 de la madrugada, por lo que el conductor nos envió allí. Nos costó 30.000 Ar una habitación con baño (casi 9€). En Maroantsetra nos pasó lo mismo: llegamos muy tarde y nos dirigimos al primer hotel que encontramos, el Hotel Central, en un bungalow con baño y agua fría, muy sencillo y poco acogedor por 15.000 Ar (unos 5€).

Precio: existen tres trekkings diferentes para realizar dependiendo del tiempo que uno quiera emplear. En nuestro caso, escogimos el más corto, de 5 días,pero también se puede hacer la ruta Maroantsetra-Cap Est en 7-9 días y el tour de la península que requiere aproximadamente dos semanas. En la oficina del Parque Nacional de Masoala, ubicada en Maroantsetra, te ofrecen toda la información y presupuestos (inglés y francés) y puedes contactar con un guía. Recomiendo especialmente a Tsima ( tsimanimba@yahoo.fr), un guía fantástico con buen nivel de inglés, que nunca perdía la sonrisa y siempre estaba dispuesto a ayudar y a contarnos cosas (para alguien que no deja de preguntar como yo eso se agradece…). En el precio hay que tener en cuenta que incluye dietas (6.000Ar/día y persona) y alojamiento del guía y de los portadores (a nosotros nos costó 6.000Ar una habitación doble que compartían) , entrada al parque (10.000Ar) y las tarifas del guía (unos 170.000Ar para el trekking que escogimos más 30.000Ar para pagarle su retorno) y del portador (unos 12.000Ar día+propinas) por su trabajo. Aparte, hay que cubrir los gastos propios, pero la comida y el alojamiento son muy baratos en toda la ruta.

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