Tonga soa (bienvenido) o la humildad de los malgaches

Desde que llegamos a Madagascar escuchamos en repetidas veces el discurso de la corrupción: “Madagascar es pobre porque la clase política está corrupta, ya que el país tiene muchos recursos…”. Y, aunque esto no deje de ser cierto,durante el incómodo trayecto en taxi brousse 4×4 entre Morondava y Belo, aplastada con otros 25 pasajeros que viajaban de sus comunas rurales a la ciudad, me di cuenta de algo.

¿Qué culpa tienen estas personas de haber nacido en zonas casi olvidadas, donde a nadie le importa que no lleguen servicios como la educación o la sanidad? ¿Qué les importa manifestarse contra un gobierno corrupto si eso no les ayudará a aumentar la cosecha de arroz o conseguir más cebúes para sobrevivir el día a día? Probablemente sólo verán la cara del presidente una vez, cuando este se dirija a sus poblados para prometerles mejoras a cambio de sus votos; mejoras, por otro lado, que nunca llegarán. Y su cara entonces sólo será recordada de vez en cuando en las camisetas propagandísticas que habrán repartido entre los vecinos. Pero en la comuna rural, seguirán trabajando la tierra como cada día, andando varios kilómetros como siempre que necesitan agua.

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Las mujeres se encargan de recoger agua del río

Siempre pienso que el lugar de nacimiento de cada individuo es el resultado de la arbitrariedad, el que yo haya llegado a Europa y ellos a África. Nadie escoge el lugar donde nace y que, involuntariamente e irremediablemente, determinará en gran medida su futuro. Veo a esos niños, vestidos con harapos y sucios, jugando con neumáticos de bicis o juguetes tan simples y a la vez tan imaginativos como palos atados con bolsas de plástico, y pienso que probablemente seguirán el curso de sus padres, tomarán cargo de sus campos y alimentarán a sus familias. Quizás no sabrán que los niños de su edad en Europa crecen jugando a las consolas y tabletas. Y todos y cada uno de ellos me ha regalado siempre una sonrisa sincera, a veces incluso burlona por mi aspecto estrafalario según sus estándares, pero nunca de malicia.

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La pesca es una tarea que se realiza en familia
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Llevar un pousse-pousse a veces no es un oficio fácil
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En las zonas costeras se ganan la vida transportando pasajeros en piragüa

No pretendo echar mano de todos eso tópicos que sostienen que “en los países pobres la gente es sonriente y feliz”, como si no supieran que nosotros no vivimos como ellos y “somos más ricos” (en cuánto a bienes materiales). En todas partes hay personas buenas y malas, independientemente de su fortuna. Pero durante ese trayecto (y muchas otras veces durante el viaje por la isla) tuve esa sensación de aceptación, de sentir que no me juzgan por mi color, por mi forma de vestir o procedencia, aun sabiendo que dispongo de más recursos económicos y que para ellos sería tan fácil como extender la mano y pedir (lo que, tristemente, otros muchos se ven obligados a hacer). Simplemente soy una pasajera más en ese taxi brousse, tan aplastada como ellos y me siento bien (aunque mis piernas no opinen lo mismo).  Cuando me miran buscando mi complicidad, me parece que sus ojos me digan “sabemos que tú vives de otra forma y nosotros vivimos así, está bien, no debes sentirte mal por ello”. Para los que viajen a la gran isla, sólo me queda decirles: ¡Tonga soa (bienvenido) a Madagascar!

 

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2 pensamientos en “Tonga soa (bienvenido) o la humildad de los malgaches”

  1. Guapa! Un text molt bonic. M’encanta aquesta manera transparent que tens de plasmar totes les teves vivencies, fa que per uns minuts, em transportis a Madagascar!

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