La ciudad de Diego y sus alrededores

Toda ciudad tiene su lugar de encuentro, aquel sitio donde por determinadas razones ( a veces más evidentes que otras) ha tendido a ser lugar de reunión para los habitantes, donde se comparten momentos y sensaciones. Si pienso en Diego Suarez, al norte de la gran isla, inevitablemente evoco la plaza Joffre y las fantásticas vistas de la bahía y el puerto.

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Grupos de chicos jóvenes con sus coches aparcados en la misma plaza, masticando su preciado khat y observando a su alrededor, probablemente en busca de algo o alguien con que alegrase la vista; una pareja de malgaches adultos con la mirada concentrada en el puerto, quizás recordando todos los sueños que nunca han llegado a cumplirse. Ya sea a pie o en tuc-tuc, la gente se concentra en este pequeño rincón justo antes de que caiga el anochecer, cuando la luz incide directamente sobre el mar y hace que incluso el puerto con sus mercancías reluzca.

Como siempre, los vendedores ambulantes alegran el entorno: ¿samosas? ¿helados? ¿bebidas refrescantes? Hay de todo para satisfacer todas las necesidades, incluso para los que quieran immortalizar el momento lo pueden hacer sacándose una foto con los fotógrafos profesionales que rondadn por ahí. Luego, por un módico precio, la recogen en las tiendas de revelado. Sin embargo, muchos de los jóvenes aquí disponen de smartphones o tablets, otro ejemplo del desarrollo de la zona norte en comparación con el sur.

Un gran barco izando con orgullo la bandera malgache languidece en el puerto, ya han terminado las tareas de descarga de las mercancías. Quizás mañana partirá otra vez y, con él, muchos sueños y deseos de todos los que se congregan en esta plaza en busca de calma o entretenimiento.

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MERCADO DE COLORES

Paseando por las calles de Diego, repletas de edificios de la época colonial, restaurantes, hoteles, bares y tiendas me dio la impresión de andar por la ciudad de los sueños, una ciudad próspera con muchos planes futuros. Aquí el caos reinante en Antananarivo parece tener un cierto orden: todo está colocado en su preciso lugar excepto el mar, ya que Diego parece huir de la inmensidad azul. En el mercado diario todos los colores se representan de distintas formas: desde carnes y pescado a todo tipo de verduras y frutas exóticas.

Si uno quiere realmente disfrutar del mar deberá coger un taxi brousse o un tuc tuc hasta las afueras de la ciudad o hacia Ramena, a 20 kilómetros, donde no faltarán las ofertas para visitar los entornos.

Tuc tuc, el transporte local
Tuc tuc, el transporte local

Precisamente en la Bahía que se dirige a esta población costera se encuentra el Pan de Azúcar, al estilo brasileño. Esa mole sobresale en medio del mar y parece servir de guía a los navegantes. Sin embargo, ya en tierra, el paisaje es un tanto desolador: la montaña es más pelada, más seca, donde apenas algunas hierbas y algún tronco se esfuerzan por crecer. Son las consecuencias del clima seco y la falta de lluvia.

diego-madagascarSi uno recorre la playa de Ramena en dirección norte y sigue durante tres kilómetros más, atravesando la antigua zona militar de Orangéa (tranquilos, está abandonada, aunque unos guardias corruptos te cobran por la entrada) se alcanza el faro de Ramena.

La flor del baobab
La flor del baobab
Fantásticas vistas del faro y la bahía
Fantásticas vistas del faro y la bahía

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Cómo llegar: llegar a Diego Suarez es relativamente fácil ya que es una de las ciudades grandes de Madagascar y tiene buenas conexiones desde Antananarivo. Nosotros llegamos por el este, e hicimos el trayecto Ambilobe-Diego en taxi brousse por 8.000 Ar (2,5€). Desde Diego salen taxi brousse hacia Ramena cada dia por 2.000 Ar (0’60€).

Dónde dormir: en Diego, recomiendo Hotel Belle Vue, ubicado bastante céntrico. Tienen diferentes variedades de alojamiento; el más económico son las habitaciones en la planta baja: cama doble y baños compartidos con agua caliente por 20.000Ar la noche (unos 6€). El wifi funciona en el edificio principal donde se encuentra también el restaurante con bonitas vistas a la bahía.

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