Contrastes de paisajes en Namibia: Cañón del río Fish

Conducir en Namibia es un placer. Bien sea en la carretera principal alquitranada o bien en carreteras secundarias de arena, uno puede disfrutar de vistas espectaculares sin necesidad de bajar del coche, sólo conduciendo a través de ellas. Hay pocos coches circulando por las carreteras, así que se trata de tú y el paisaje.

Atravesando el Parque Nacional Sperrgebiet
Atravesando el Parque Nacional Sperrgebiet

Una de las rutas que más he disfrutado en automóvil es la que recorre la distancia entre Lüderitz y el Cañón del río Fish (Fish River Canyon). Primero cruzamos nuevamente la zona casi desértica del Sperrgebiet (“Área prohibida” en alemaán, haciendo referencia a la zona de extracción de diamantes), aunque esta vez circulamos por el medio de montañas peladas sin apenas vegetación. Sin embargo, eso no es impedimento para que los kudús y gacetas puedan realizar su vida diaria. Estas criaturas son increíbles.

De vez en cuando encontramos algún rancho en los lugares más remotos
De vez en cuando encontramos algún rancho en los lugares más remotos
Conducimos horas sin ver apenas vegetación
Conducimos horas sin ver apenas vegetación

Después de conducir durante kilómetros casi en línea recta, empieza una fantástica carretera en zigzag resiguiendo el curso del río Orange. A nuestra derecha, más allá del río, se encuentra Sudáfrica; a la izquierda, más montañas peladas y algún grupo de babuinos que no está muy contentos de tener intrusos en su territorio.

Un namibio prácticando la pesca con mosca
Un namibio practicando la pesca con mosca
El río Orange nace en Lesoto y cruza Sudáfrica hasta Namibia
El río Orange nace en Lesoto y cruza Sudáfrica hasta Namibia
Disfrutando de un baño
Disfrutando de un baño

Seguimos la carretera y de repente dejamos el río para adentrarnos en una pista a través del desierto; no vemos nada en ninguna dirección. Pienso que si ahora nuestra Cecilia decide dejarnos no tendremos más remedio que abandonarnos a la suerte de algún conductor. Sin embargo, no cruzamos un sólo coche durante horas de conducción.

Y como si fuera una aparición divina, por fin divisamos el Cañón, el segundo más grande del mundo después del famoso Colorado en Estados Unidos, y nos dejamos seducir por su áurea misteriosa. Las laderas parecen esculpidas a mano por un artista, cada forma escarpada se encuentra perfectamente encajada en el conjunto. Aquí vivieron los primeros bosquimanos, creando vida en los lugares más remotos. Para redondear el día, hemos disfrutado de un fantástico atardecer mientras el sol se iba escondiendo detrás de las montañas del cañón.

El barranco del Cañón tiene 160 quilómetros
El barranco del Cañón tiene 160 quilómetros
La meseta escarpada del Cañón
La meseta escarpada del Cañón

 INFORMACIÓN PRÁCTICA:

Dónde dormir: el Cañón cuenta con una zona de acampada propia, Hobas, a diez kilómetros de la formación. No dispone de cocina pero hay un pequeño supermercado con productos básicos, aunque es recomendable traer la comida y los utensilios. Cuesta R110 por persona y noche (8,24€).

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